sábado, 4 de julio de 2009

Festival de Teatro Cubano en un Acto


Recientemente se presentaron dos importantes festivales de teatro latino en la ciudad de Nueva York. El TeatroStageFest (con grupos invitados de Argentina, Chile y España), además del Primer Festival de Teatro Cubano en un acto, este último una producción de Teatro Retablo contó con la participación de importantes personalidades del quehacer teatral cubano en los Estados Unidos.

La energía en los espectáculos a los que pude asistir era contagiosa. Se palpaba que había disfrute, placer en llevar al público neoyorkino trabajos de calidad.

Comenzaré con el Festival de Teatro Cubano en un acto celebrado en el marco del Congreso de Teatro Cubano auspiciado por el Centro Cultural Cubano de Nueva York. Durante cuatro días este nos trajo 5 obras de autores cubanos presentados por grupos locales y compañías de Miami en el Roy Arias Theatre en Times Square, Manhattan. El jueves 25 de junio, (con sala repleta) pude presenciar 3 de las 5 obras.


La primera: El cuento de René de René Ariza llevado a escena por el grupo Arca-Imágenes (Miami), dirigida por Larry Villanueva; quien también actuaba junto a la actriz venezolana Alexa Kuve. Un cautivante trabajo, con dos grandes actores que hipnotizaron al público con su dominio escénico. El texto de Ariza, simple en esencia pero profundo en imágenes y juegos lingüísticos, me agarró a desde su primera línea. Lamentablemente ese agarre se fue debilitando a medida que desarrollaba la pieza, principalmente por su discurso panfletario. Un desacierto para la dirección de Villanueva cuyo énfasis en el discurso truncaba el fluir escénico. Era más interesante cuando no se hacían referencias específicas y se dejaba al público componer el rompecabezas presentado. Aún así fue un trabajo de alto nivel.

La segunda muestra constó del monólogo: Cosas que encontré en el camino de Iván Acosta, presentada por el Centro Cultural Cubano (Nueva York), hábilmente dirigida por Mario Colón y magistralmente actuada por el uruguayo Frank Rodríguez. Un hombre acompañado de una maleta va narrando sus experiencias a través de los objetos que carga en ella. Una premisa sencilla por demás, que confirma que cuando todos los elementos creativos de una puesta en escena convergen, el resultado es una experiencia artística gratificante. Hay un planteamiento de dramaturgia, asequible y honesto, con un alto sentido del humor e intensa verdad. Elementos que el director elevó con un montaje dinámico, apasionante y sobre todo bien pensado. El director estampó la pieza con propios tiempos y códigos, brindándole al actor las herramientas para el juego que establecía la complicidad con el público. Juego que Frank Rodríguez controla desde que entra al escenario. Su dominio de las emociones, los niveles en las historias que narra e impresionante acento cubano hiceron que ésta fuera para mí y para muchos en la sala, punto de mayor disfrute de la velada.

Cabe mencionar la hábil utilización del espacio y sobre todo de la maleta. Rodríguez convirtió ésta en otro personaje (un hombre que golpea a una mujer, un niño que cae en las vías del tren, un hermano que regresa para salvar a un travesti de tirarse de un puente…), logrando fluidez total de la historia. ¡Bravo!


La noche terminó con el grupo organizador del festival: Teatro Retablo. Estos nos brindaron: La Espera de Gloria Parrado, dirigida por Gabriel Gorcés y protagonizada por David Ponce y Carlos Valencia.

Dos hombres se encuentran en la celda de una prisión. Uno (Gilbert) con cadena perpetua por un crimen que “no” cometió, y el otro (Ramón Langostino) un ladrón de poca monta que cada cierto tiempo tiene contacto sexual con su mujer. La trama es una donde la fantasía se entremezcla con el deseo. Langostino ha alimentado la pasión de Gilbert a través de las historias de los encuentros con su mujer logrando que Gilbert sienta el impulso de ir al encuentro de ésta ocupando el lugar de Ramón. Una intensa propuesta que requiere total conexión entre los intérpretes. Ambos son actores muy talentos pero desafortunadamente la conexión entre ellos en la función del jueves fue intermitente. Y es una pena porque la pieza cuenta con todos los elementos para ser un tour de force entre actores. David Ponce logra los mejores momentos del trabajo con un Gilbert entre la angustia y la demencia. Mientras Carlos Valecia nos da un Ramón Langostino demasiado externo y carente de verdad. Gran parte del problema se debe a la dirección unidimensional de Gabriel Gorcés, la intensidad de su propuesta se tradujo a gritos entre los actores olvidando la tensión sexual que la autora presenta y describe detalladamente. Gorcés movió muy bien sus piezas en el escenario pero su lectura es una superficial. Puede que hayan sido los nervios del estreno…

Aplaudo a Gabriel Gorcés porque su compromiso por el buen teatro Latino es evidente. Felicidades a Retablo Teatro por ésta experiencia llena de agradables sorpresas.